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14 de febrer 2024

El poeta segons Cirlot


El poeta 

«Ese hombre de cabellera dispersa, no es otra cosa que el exhumador de un mundo antes irredento. Ha aprendido, sufriendo, fórmulas mágicas que los otros desconocen: conjuros para evocar y recrear las danzas interiores.

Razas sordomudas, perdidas en sus parajes profundos, cobran voz bruscamente y, desde el valle dormido bajo la niebla, ese coral suena iluminando regiones desoladas o magníficas. Así, hasta que toda la tierra se convierte en eco.»

Juan Eduardo Cirlot, Árbol agónico

 


 

07 de juliol 2023

En record de Dadà


67 Versos en recuerdo de Dadá

El uno se arrodilla dulcemente
el dos tiene las trenzas de papel,
el tres llena de plata los triángulos,
el cuatro no solloza,
el cinco no devora el Firmamento,
el seis no dice nada a las serpientes,
el siete se recoge en las miradas,
el ocho tiene casas y ciudades,
el nueve canta a veces con voz triste,
el diez abre sus ojos en el mar,
el once sabe música,
el doce alienta lámparas,
el trece vive sólo en los desvanes,
el catorce suplica,
el quince llama y grita,
el dieciséis escucha,
el diecisiete busca,
el dieciocho quema,
el diecinueve sube,
el veinte vuela ardiendo por el aire,
el veintiuno cae,
el veintidós espera,
el veintitrés adora los vestidos,
el veinticuatro sabe matemáticas,
el veinticinco magia,
el veintiséis amor,
el veintisiete guerra,
el veintiocho estrellas,
el veintinueve luna,
el treinta tiene garras de cerezo,
el treinta y uno flota,
el treinta y dos destruye los anillos,
el treinta y tres anula los espacios,
el treinta y cuatro ruge,
el treinta y cinco vive lejos,
el treinta y seis conoce la amargura,
el treinta y siete fulge,
el treinta y ocho baja,
el treinta y nueve quiebra torres,
el cuarenta se expresa,
pero el cuarenta y uno tiene páginas,
donde el cuarenta y dos halla su espejo,
donde el cuarenta y tres se desmenuza,
en el cuarenta y cuatro anidan tigres,
en el cuarenta y cinco monumentos,
en el cuarenta y seis hay una espiga,
en el cuarenta y siete distracciones,
detrás vienen cuarenta y ocho pensamientos,
cuarenta y nueve signos,
cincuenta cruces,
cincuenta y una lágrimas,
cincuenta y dos mujeres,
cincuenta y tres desiertos,
cincuenta y cuatro pianos,
para cincuenta y cinco partituras,
para cincuenta y seis sonidos,
cincuenta y siete soles,
cincuenta y ocho perlas,
cincuenta y nueve bocas,
sesenta muertes,
sesenta y una llagas,
sesenta y dos pirámides,
sesenta y tres adioses,
sesenta y cuatro diccionarios,
sesenta y cinco sentimientos,
sesenta y seis recuerdos,
sesenta y siete flores.


Juan Eduardo Cirlot


 

05 d’octubre 2016

Femelles de bordell


«La nota dominante en aquella vasta sala, de paredes pintadas de rojo obscuro, con guirnaldas azules y rosas, era de una verdadera y gran tristeza. Esto no era proyección de su mente. Él había entrado allí con indiferencia real, y su estado de ánimo no solo no se había impuesto al espectáculo, sino que era hijo de él. La tétrica actitud de quien sabe va a tomar un remedio que no es tal, sino descanso transitorio lo llenaba todo. Los hombres, el público, estaban más tristes que las mujeres, las cuales incluso bromeaban, mordían manzanas o fumaban cigarrillos, sin pensar en absoluto en su completa carencia de vestidos. Los hombres estaban tensos y muy pálidos, acaso tanto como él mismo. Se sintió tentado de arrodillarse y rezar, al comprender qué infinita labor benéfica realizaban aquellas mujeres, al ofrecerse de ese modo, por un dinero que siempre era poco, a la voracidad reseca de aquellos hombres, algunos de los cuales buscaban placer, otros calor sentimental, o compañía, o contacto simple con aquellos seres blandos y blancos, distintos a ellos, rugosos y endurecidos por todos los trabajos que, hechos sin placer ni vocación, eran a la postre tan prostitución como la de las hembras del lupanar.»


Juan Eduardo Cirlot, Nebiros

28 d’abril 2015

Cirlot invoca


A APOLO MUSAGETA

Un inmenso dolor quiere ser canto.
En la orilla celeste del paisaje.

Coronado de olivos suplicantes
¡Oh Dios, arrodillado, yo te invoco!

Intento comunicar tus ojos fríos,
tus sienes de platino inaccesible.

Voy vestido de negro, rosas negras
ofrezco a tus sublimes manos puras.

Tú que fuiste pastor, mírame esclavo
por senderos que pisan los corderos.

Domina mi temblor con tu inmutable
sonrisa que refleja el horizonte.

Las nubes lentamente me traspasan,
me muevo en un silencio desolado.

¡Incéndiame de espadas y de gritos
y mira cómo sufro entre tus labios!


Juan Eduardo Cirlot, Árbol agónico

05 de setembre 2013

Reina



Reina de los cementerios invisibles,
Reina de los exterminios luminosos,
Reina de las esmeraldas que suplican,
Reina de las manos desenterradas,
Reina de las espadas que padecen,
Ora pro me

Juan Eduardo Cirlot, Las oraciones oscuras

22 de març 2013

Hermetisme



«La humanidad quiere convertir a los poetas en periodistas, agentes de publicidad o sacerdotes, géneros muy distintos y respetables en distinto grado. Pero el poeta no es nada de ello. Es sólo alguien que responde a preguntas formuladas por algo que se asemeja extrañamente a la nada. Y su voz tiene resonancia que él no podría evitar, aunque quisiera. A eso se le llama hermetismo"»

Juan-Eduardo Cirlot, a ¿Quién es Bronwyn? (Revista Europa, nº 560. 15.01.1968)

26 de juliol 2012

Déu antic



MITHRA toma la llave de mi sino
orienta Tú mi guerra y mi destino

legionario de un mundo sin legiones
mi corazón no encuentra corazones

mis espadas sollozan gravemente
sin fuego vivo que las alimente

el mundo en el que vivo no es el mío
MATADOR DE LA FIERA, en ti confío

Juan Eduardo Cirlot, Oraciones a Mithra y Marte

27 d’abril 2012

Ésser humà



Yo soy un ser humano a pesar mío.

El espacio plateado de mi espíritu
penetra en el espacio gris del mundo.

¿Hasta cuándo?

Juan Eduardo Cirlot, fragment de A la que renace de las aguas

17 d’abril 2012

Ventalls



La pierna adolescente de la bella
abre sus abanicos de cristales
mientras un aerolito resplandece.

Juan Eduardo Cirlot,  del sonet A René Magritte

16 de gener 2012

El poeta segons Cirlot



EL POETA

Ese hombre de cabellera dispersa, no es otra cosa que el exhumador de un mundo antes irredento. Ha aprendido, sufriendo, fórmulas mágicas que los otros desconocen: conjuros para evocar y recrear las danzas interiores.
Razas sordomudas, perdidas en sus parajes profundos, cobran voz bruscamente y, desde el valle dormido bajo la niebla, ese coral suena iluminando regiones desoladas o magníficas.
Así hasta que toda la tierra se convierte en eco.

Juan Eduardo Cirlot, a Árbol agónico.