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29 d’octubre 2009

Historias perversas (19)


Al acariciarla toca el cuchillo en su media. Los dedos se deslizan por el acero y su excitación aumenta. Ella se tensa levemente, como el resorte de una navaja, pero sigue con las caricias sin demorarse, cerrando los ojos mientras él entierra el rostro entre sus senos. La música los mece, la penumbra lame sus cuerpos, nada importa excepto la ansiedad y el deseo. Ella desliza la mano hasta el vértice excitado. Luego, cuando él siente que el orgasmo coincide con el metal que entra en sus entrañas, sabe que sólo le queda disfrutar de su dulce muerte mientras ella le roba el último beso de roja agonía.

18 de setembre 2009

Historias perversas (18)


Nostalgia de mujeres en teléfonos públicos. Caderas en movimiento alternativo lubricando un mecanismo. Todos los culos asomados al abismo. Teléfonos y manos y uñas rojas. El placer de la mirada que se posa. Sonrisa carmín. Cómplices palabras. El deseo en húmedas miradas. El cuerpo que se tensa o reblandece. El cuerpo como templo que se mece. Manos y ojos sedientos de esa grupa. Escena urbana que la modernidad nos usurpa.

14 d’agost 2007

Historias perversas (17)


El cuerpo maniatado, los ojos vendados, de pie en una esquina. La obligación del silencio. El otro cuerpo se acerca hasta quedar a pocos centímetros de distancia. Primero solo olfatea y recorre con mirada hambrienta la anatomía sumisa. Luego habla, conversando con un mercader imaginario, con un antiguo tratante de cuerpos esclavos. Le comenta la calidad del producto. Toca la mercancía, la manosea con brusquedad, repasa la dentadura, aparta la ropa y le muestra al comprador inexistente la ausencia de marcas o cicatrices. Le azota las nalgas, separa sus piernas, la mano percibe humedades. Sigue hablando del cuerpo a la venta con ese nadie que es él mismo, mientras desde la oscura inmovilidad ella goza percibiendo todos los matices del deseo.

07 d’agost 2007

Historias perversas (16)


“La realidad es múltiple, pero siempre imperfecta y simétrica”, decía mientras viejos periódicos crujían bajo sus pies. Dio un par de pasos que parecían una estudiada coreografía del delirio, agitando una hoja de un bloc de espiral donde había anotado el título de sus próximos poemas: “Tránsito estéril”, “Torsión de la palabra”, “Tránsfuga luminiscente”, “Refugio de imaginaciones”, “Blanda sonoridad del mundo”. Ella le escuchaba maniatada en una silla, sonriente, sabiendo que su suplicio era parte de un poema que no se escribía con palabras. Tras la ventana, inútiles de madrugada, los semáforos seguían guiñando al mundo su cadencia de luces.

11 de juliol 2007

Historias perversas (15)


El bar nos acoge con el rumor de las deshoras. Algunas mesas ocupadas, pero no la de nuestro rincón. Con la discreción profesional de siempre, las copas se materializan. Los primeros instantes son de silencio. La música se instala entre nosotros proporcionándonos la tregua necesaria. Más tarde tu cabeza reposa en mi hombro y te susurro al oído todas las palabras que te gustan y te excitan, un rumor quedo y grave en sucesivas oleadas obscenas hasta que tu lengua me obliga a callar y nuestras manos nos transitan.

03 de juliol 2007

Historias perversas (14)


“Cuando cierta cantidad de dolor se confunde con cierta cantidad de placer ¿dónde empieza lo uno o termina lo otro? Llamar al orgasmo pequeña muerte, otra muestra del buen gusto francés ¿no es acaso reconocer los límites borrosos entre ambas sensaciones?” Eso le decía a la vez que hacía pinza con sus dedos y la voz era a la vez grito y jadeo, gemido y alarido en el rostro doliente y complaciente. Como un arco que se inserta en otro, como puertas que se abren tras otras puertas. Como si todos los pasadizos del placer tuvieran dos salidas que a la vez fueran la misma.


27 de juny 2007

Historias perversas (13)


Cuánto cadáver de domingo en los cafés. La tarde es una pesada manta entre neones y camareros. Deambulo por las calles, incapaz de sosiego, hipersensible. El mundo es un cilicio que penetra en cada poro, en cada terminal nerviosa. Dolor. Me siento como en la zona de tránsito de un aeropuerto. En un no lugar. La luz mortecina del quiosco de prensa, los soportales húmedos, las persianas metálicas cegando paredes. Una farola intermitente enrojecida de insomnio me mira de soslayo y sigo persiguiendo mi propio hedor. Lo intento, pero el cuchillo en mi bolsillo sigue pidiendo sangre y soy incapaz de contrariarlo.

25 de juny 2007

Historias perversas (12)


Te empujo con suave contundencia. El túnel no ofrece otra posibilidad que la línea recta. Sabes que no puedes abrir los ojos, ese es el juego al que nos prestamos y nos excita, como mis palabras susurrándote órdenes. La voz rebota en las paredes de este intestino subterráneo que nos acoge de nuevo, camino de la mazmorra que hemos construido con nuestras neuronas y nuestro deseo. Nos detenemos. Entonces el universo se reduce a un reclinatorio donde te arrodillas y nos concentramos en salvarnos de esta existencia sin certezas, habitando un planeta interior creado a nuestra imagen de náufragos irredentos. Despreocupados del mundo, aislados de su miseria, refugiados en el exilio de nuestra fantasía y de nuestros cuerpos.

06 de juny 2007

Historias perversas (11)


Hazte la muerta, hazte la muerta, le susurra el necrófilo aficionado como si rezara con gran recogimiento. Ella ha accedido a desnudarse, tenderse en la cama, cerrar los ojos y cruzar las manos sobre su pecho. Tras unos minutos la ha amortajado con un traje de chaqueta negro. Tras prender un cirio en cada esquina, sentado en una incómoda silla metálica, con las manos entrelazadas, mirándola, le habla como si hubiera sido su esposa. Cuenta una historia llena de costumbres, de rutinarias convivencias, pero de vez en cuando, con gran profusión de detalles, inventaría el erotismo con pasión de encargado de ferretería. Relata gestos, pequeños detalles, llega a describir el color de un jadeo. Ella escucha y disfruta del relato, se acuerda de cierta obra de teatro que vio cuando era estudiante, se excita pausadamente, emborrachándose poco a poco de la historia. Él deja de hablar. Solloza levemente y se acerca de nuevo a ella, la llama por un nombre que no es el suyo y empieza a desnudarla con lentitud.

01 de juny 2007

Historias perversas (10)


"Me encanta el olor del Napalm por la mañana"
Robert Duvall (a Apocalypse now)
Sobre Allen Broth, veterano de Vietnam, conocido como Heapshit (Montón de mierda) por sus compañeros de la tristemente famosa Matanza de My Lai (1968), circularon rumores no confirmados acerca de su afición a comer niños asados tras las incursiones de su pelotón. Herido grave en combate, regresó a Shelby (Montana), su ciudad natal, donde la leyenda le precedió. Marginado y proscrito como tantos otros, optó por refugiarse en las montañas. Mary Abby White, tercera hija de un pastor protestante, que fuera compañera de instituto de Allen, se dedicó a localizarlo hasta que encontró la modesta cabaña en un claro. Su intención original era darle consuelo espiritual. No obstante, también le excitaba ver de cerca de alguien que personificaba los sermones sobre el diablo y sus peligros, a los que su padre era tan aficionado. Él la hizo pasar cerca del fuego y allí, tras unas pocas palabras, se precipitaron los cuerpos y las ansias. Los encuentros se sucedieron y Mary Abby nunca le preguntó por su presunta antropofagia, aunque le encantaba que la comiera.

21 de maig 2007

Historias perversas (9)


Romeo pierde el paraguas a menudo. Romeo se enamora de una violonchelista. Le gusta su manera de abrir las piernas para sujetar el instrumento, cómo cierra los ojos mientras desplaza el arco, la velocidad de sus dedos. Ella ve en él una locura nueva y atractiva. Le encanta como Romeo se extasía mientras ella ensaya, su mirada devota, su quietud contemplativa sólo rasgada por el gesto de fumar; cómo le levanta la falda y acaricia sus rodillas. De qué manera roza con las yemas de los dedos o la lengua sus callosidades de concertista. Adora esa lengua. Romeo querría hacerle el amor mientras ella interpreta la Suite nº 5 (BWV.1011) de J.S. Bach. Y después comer docenas de ostras y beber Dom Perignon y más tarde dormir abrazados oliendo a mar y a madera. A ella, si le dieran a elegir entre Romeo o su violonchelo, Romeo no tendría ninguna posibilidad.

08 de maig 2007

Historias perversas (8)


Has vendado mis ojos con seda negra y te percibo en la oscuridad. Cada paso, todo tu silencio es lo único que tengo esta tarde densa de deseo extraño. A tu merced espero el capricho de tu caricia o tu crueldad y te imagino llena de mi confianza en ti, ebria de poder y amor y me abandono curioso a tus designios. Siento que te acercas y me arañas mientras el beso es exacto y profundo. Luego tu lengua transcurre en mi cuerpo y dosificas mi deseo a tu antojo. No debo ni puedo tocarte y el obsequio de tu tacto se convierte en luces de neones o pagodas, en silentes recorridos que no puedo anticipar. Más tarde susurras órdenes y haces que mi boca y mi lengua y mis dedos sean tu instrumento. Imagino carreteras perdidas, túneles de nubes de tormenta, viejos pueblos abandonados que atravieso a lomos de tu agitación y tu jadeo. Ciego saboreo cada gota palpitante y cuando estallas es como un diluvio de napalm que arrasa mi memoria de ser ciego.

07 de maig 2007

Historias perversas (7)


Como viejos timbres esperando un dedo, así mi antiguo sueño aguarda a tu sombra entre chaparrales. Las furgonetas abandonadas cerca de un lejano cementerio de aviones dibujan el escenario. Allí veo, me veo, nos veo. Un DC9-30 al que se accede por una oxidada escalerilla de aeropuerto. La pequeña plataforma frente a la puerta es ahora balcón. Puedo contar las macetas multicolores donde crecen las plantas felices. Una vez dentro del fuselaje, a la derecha, la cocina y un gran sofá cubierto por un patchwork navajo. A la izquierda anaqueles con libros y después la cama donde reposas emitiendo pequeños maullidos, hecha un ovillo entre las enormes almohadas, abrazada a ellas con desesperación placentera y antigua, náufraga entre sábanas recibes los lametazos de sol. Hueles el café y sonríes. Te desperezas y tus brazos dibujan la sombra de una uve que me abraza mientras me acerco con las tazas humeantes. Olemos todavía a noche y en esta república de acero nada tememos, o sólo a nosotros, mas qué importa si la piel es eléctrica y el dolor es el placer preciso y calculado del deseo. Como viejos timbres esperando un dedo, en este páramo sólo nos acompañan los coyotes.

04 de maig 2007

Historias perversas (6)


Detrás de mí, encima de mí, al lado mío. Cerdos eléctricos, aspersores de sangre espesa, túrmix plateados, hidroplanos de carne. Todo eso danzando en los alrededores de mis neuronas, donde puedo ver, donde se me permite ver tu cuerpo en aspa, desnudo, blando, blanco o rosa, boca abajo, muñecas y tobillos suavemente anudados. La mejilla izquierda en la almohada, blanca como el restallido del cielo, blanca, en la que se adivinan mapas y geografías de venas, venas azules bajo campo de gules. Luego la pequeña y deliciosa asa de tu oreja. No hay miedo pero sí cierta inquietud, el silencio relativo, los ruidos de la calle progresivamente abandonada, voces, coches partiendo, las persianas caen como guillotinas, retumban sin eco. Por fin el silencio. Mi uña en ti. Deslizamiento. La nariz cata el perfume de lo espeso. Espiral hasta el centro, hasta el mismo centro del cerebro. La sombra de la persiana en tu espalda quieta. Me acerco. Mis uñas en ti. Desdoblamientos, gritos, jadeos. Luego todo se detiene. Las farolas como jirafas de fuego.

02 de maig 2007

Historias perversas (5)


Nació en un circo y recibió el nombre de Nadia, en honor de la mítica gimnasta rumana. Su padre era hombre forzudo y su madre trapecista. Desde que dio sus primeros pasos, toda la compañía notó su predilección por los animales, ese extraño don que hacía que incluso los grandes felinos permitieran sus caricias a través de los barrotes del carromato-jaula. Paralelamente, no prestaba demasiada atención a sus congéneres, como si estuviera afectada de autismo selectivo. Nunca supo de la amistad sincera, ni gozó ni sufrió el atolondramiento del amor adolescente. Decidió ser domadora de elefantes africanos (Loxodonta africana) y siendo La Gran Nadia, asombró con números nunca vistos a los públicos de toda Europa.

Tenía predilección por el macho Jambo (hola en swahili), un enorme ejemplar de 5 metros de altura y más de 6000 quilogramos con el que consiguió todos sus éxitos, incluido el Premio a la Mejor Domadora en el Festival Mundial del Circo de Mónaco. Siempre que acampaban en una ciudad, se instalaba uniendo su caravana a la carpa de Jambo. Por las noches, cuando el silencio se adueñaba del pintoresco asentamiento, un curioso podría haber visto como la trompa del paquidermo entraba por la ventana de Nadia, que esperaba desnuda las caricias del poderoso y a la vez delicado apéndice, a la búsqueda de la melaza de cacahuete con la que ella se embadurnaba. Siguen siendo felices de ciudad en ciudad.

19 d’abril 2007

Historias perversas (4)


Mísia va en tren. Mísia se masturba tendida en la litera del coche cama, mientras las luces nocturnas se suceden incesantes en el techo del vagón y atraviesan sus párpados cerrados. Su fantasía no se concreta esta vez en un hombre sin rostro. Tal vez sea el traqueteo, el ritmo regular al que se adaptan sus caricias; tal vez el vacío que ha sentido esa misma tarde en el café de la estación, cuando se ha sabido tan lejos de todo cuanto la rodea, pero Mísia se imagina en el interior de algo cálido y húmedo, de unas fauces provistas de una lengua enorme y sabia que la envuelve, que conoce qué debe hacer y cómo y cuándo. Mísia goza, se estremece, se deja acunar; en su mente sólo habita el ruido del tren, la cadencia veloz de las luces, el crescendo del placer que no se detiene, las sucesivas oleadas de éxtasis. Mísia se olvida de Mísia.

18 d’abril 2007

Historias perversas (3)


El día que sintió que su vida se estaba convirtiendo en un abrigo tejido con el plomo de todas las rutinas, decidió cambiar. Abandonó el hogar y con su exiguo equipaje embarcó y cruzó el océano. Allí descubrió la soledad absoluta, los horizontes vacíos, la crueldad intrínseca del sueño americano, la desesperación, el tatuaje de la degradación y la pobreza, las gasolineras abandonadas. Supo también de la facilidad para adquirir armas de fuego, se hizo con un par de ellas, robó un viejo Chevrolet El Camino y se dedicó a asaltar y asesinar en carreteras secundarias hasta que un día fue abatido por la ley. Mientras se desangraba y sentía la carretera ardiendo en su mejilla, alcanzó a pensar en el viejo abrigo pero no lo echó de menos. Después cerró los ojos.

11 d’abril 2007

Historias perversas (2)


De pronto decidían disfrazarse; él de chulo, ella de prostituta. Luego frecuentaban bares sórdidos y solían hacer el amor en callejones putrefactos. Les gustaba ser observados en la distancia por ojos desesperados. El deseo se mezclaba con oleadas de adrenalina. También solían hacerse algunas fotografías obscenas cerca de cubos de basura y muros desconchados. Una madrugada un taxista creyó disparar contra un cruel proxeneta. Ella casi consigue arrancarle los ojos a mordiscos.

05 d’abril 2007

Historias perversas (1)


Siempre había querido experimentar. Su vida se sucedía en extraños maridajes con sustancias, personas en el límite de la locura, objetos encontrados y libros, siempre libros. Llegó el momento de la desesperación cuando oyó el diagnóstico. Decidió quitarse la vida, pero antes hizo el amor con su vecina, después la asesinó dulcemente, la troceó en la bañera y se preparó un estofado delicioso. Mientras la paladeaba, mientras sabía que la sobredosis de barbitúricos le esperaba con la copa de brandy y el café, pensó en la efímera notoriedad que le esperaba, en la idea de la muerte y la trascendencia. Tomó un poco de pan y mojó en la salsa.